Qué implica la captura de Maduro: institucionalidad, poder y escenarios para Venezuela

El 3 de enero de 2026, un operativo militar llevado adelante por fuerzas especiales de los Estados Unidos en Caracas culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro. La acción, que incluyó bombardeos sobre instalaciones estratégicas, generó un quiebre político de alto impacto interno y regional, reabriendo el debate sobre la soberanía estatal, el derecho internacional y los límites de la intervención externa en América Latina.
Una resolución institucional excepcional
Tras la captura de Maduro, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela dispuso que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asuma la presidencia en carácter de encargada. La decisión se fundamentó en el artículo 234 de la Constitución, que contempla la “falta temporal” del presidente, evitando así la convocatoria inmediata a elecciones y garantizando la continuidad administrativa del Estado.
Este encuadre jurídico permitió resolver rápidamente la vacancia de poder, aunque al mismo tiempo consolidó una transición institucional controlada, sin una redefinición inmediata del régimen político.
Estados Unidos y la centralidad del factor geopolítico
En paralelo, el presidente estadounidense Donald Trump anunció que su gobierno administraría Venezuela de manera transitoria hasta avanzar en una “transición segura y sensata”. El discurso oficial dejó en claro que Estados Unidos se reserva la capacidad de ejercer presión política, económica y militar sobre el nuevo gobierno.
El eje prioritario de la intervención estadounidense se concentra en el control y la reactivación del sector petrolero venezolano, considerado estratégico tanto para la recuperación económica del país como para la estabilidad regional. La amenaza explícita de una profundización de la intervención refuerza el peso del factor militar como condicionante central de la nueva etapa.
Delcy Rodríguez: continuidad sin Maduro
La asunción de Delcy Rodríguez abre una fase de continuidad del chavismo sin la figura de Maduro. Con una extensa trayectoria política y experiencia directa en áreas económicas y energéticas, Rodríguez se presenta como una dirigente con perfil pragmático dentro del oficialismo, capaz de articular tanto con sectores internos como con actores internacionales.
Sin embargo, su margen de maniobra se encuentra limitado por la presión externa de Estados Unidos y por las tensiones internas dentro del chavismo, donde conviven sectores más radicalizados con otros dispuestos a avanzar en negociaciones para preservar espacios de poder.
Una Asamblea con mayoría oficialista y tensiones internas
La nueva Asamblea Nacional, dominada ampliamente por el oficialismo, inició su período legislativo en un contexto de control militar parcial y fuerte injerencia externa. Aunque cuenta con una mayoría sólida, enfrenta dificultades para construir una posición política unificada frente a la coyuntura, lo que introduce un factor adicional de fragilidad en la gobernabilidad.
Escenarios abiertos y variables a monitorear
El escenario que se abre para Venezuela se ubica lejos de los extremos de una transición democrática inmediata o de una profundización autoritaria acelerada. En el corto plazo, el país parece encaminarse hacia una etapa de estabilidad tensa, marcada por negociaciones políticas, condicionamientos geopolíticos y disputas internas de poder.
En este marco, resultará clave monitorear tres variables centrales: la cohesión interna del chavismo, el nivel efectivo de injerencia de Estados Unidos en la política venezolana y la reacción de la comunidad internacional frente a un precedente de intervención militar directa en la región.